31 de Octubre, 2017
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Escrito por NCID

Imagina que una barra de pan te cuesta 1 euro. Tres meses después, vas al mismo horno a comparte la misma barra de pan y la persona detrás de la barra te pide 1,85 euros. El precio ha subido tanto que no te puedes comprar pan. Si lo hicieras, no tendrías dinero para otros alimentos básicos como patatas o verduras. Esta situación ocurrió en Haiti, donde el precio del trigo se disparó hasta un 85% en 2008. La crisis alimenticia se tradujo en violentas protestas ya que la gente no podía comer y, al final, el primer ministro fue destituido.

Los cambios en los precios afectan a la capacidad de asegurarse unos alimentos en muchas regiones pobres alrededor del mundo. El problema es que, a pesar del incesante incremento en la producción, los precios de los alimentos son cada vez más volátiles, incrementando la posibilidad de que allá protestas y malestar social. ¿Cómo se puede prevenir la subida de precios? ¿Cómo podemos acabar con la hambruna? Randall Romero-Aguilar, profesor en la Universidad de Costa Rica y Economista en el Consejo Monetario Centroamericano, presentó el pasado 30 de octubre su estudio titulado “Food Security for Whom? The Effectiveness of Food Reserves in Poor Developing Countries”  en la Universidad de Navarra enmarcado en los Weekly Seminars del NCID. 

El autor analiza cómo las reservas de alimentos pueden mitigar el impacto de la volatilización de los precios en las regiones más pobres. Romero-Aguilar utiliza Haiti de ejemplo, ya que el gobierno utilizó esta estrategia en 2011 para construir una reserva que puede almacenar hasta 35,000 toneladas de trigo. El autor introduce un modelo teórico para cuantificar los resultados de esa política. Estas infraestructuras deberían reducir la inestabilidad en los precios y ayudar a reducir la hambruna en tiempos de crisis.

¿Puede sin embargo una montaña almacenada de trigo acabar con el hambre en el mundo? No. "Ni tan siquiera el grado más óptimo de almacenamiento de trigo  conseguiría estabilizar por completo los precios de los alimentos ni prevenir la hambruna", asegura Romero-Aguilar", quien añade: "Pero sí conseguiría reducir su frecuencia". El autor afirma que el método que utiliza es muy sensitivo a parámetros como el coste de almacenamiento, el abastecimiento inicial y el precio del trigo. Dependiendo de estos factores, esta política podría verse mejorada por otras que fueran a atacar la pobreza a largo plazo. "En muchos casos, una política de almacenamiento no es mejor que acumular activos financieros" apostilla Romero-Aguilar.

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