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01 de Marzo, 2021
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Escrito por NCID

El Navarra Center for International Development elabora una serie de gráficos cada semana centrados en un tema por mes. En febrero ha sido sobre macroeconomía. A continuación, un análisis por regiones.

África Subsahariana

Kenia superó en junio de 2020 a Angola como tercera economía del África subsahariana. La economía del país, basada en la agricultura, le ha permitido seguir creciendo frente a las economías dependientes del petróleo de Nigeria y Angola. Por ello, Kenia no tiene efectos negativos con respecto a las conmociones relacionadas con el petróleo. Si se comparan las tasas de crecimiento, mientras que Angola y Nigeria respondieron negativamente a la Gran Crisis del Petróleo de 2014, Kenia creció más rápido desde ese año.

La agricultura sigue siendo el sector más grande en Kenia y el que más empleo genera. Representa más del 70% de la población rural, ya que la población rural constituye el 72,97% de la población total. Sin embargo, aunque el peso de la agricultura en el empleo ha disminuido y su crecimiento se está ralentizando, sigue teniendo gran fuerza en la economía. Aunque hay menos agricultores, se están volviendo más productivos: el valor añadido por trabajador en la agricultura pasó de 993,03 dólares en 2012 a 1.114,22 dólares en 2018.

La economía sudafricana es la segunda más grande de África después de Nigeria, pero su tasa de crecimiento se ha estancado en la última década, con una media de crecimiento del PIB del 1,3%. Los motivos son diversos: las secuelas del apartheid en el país, también a causa de la transición política, estructural y económica y, por último, a causa de la crisis de 2008 y la mala gestión gubernamental. A todo ellos se suma que la pandemia provocó su peor recesión en democracia, con un descenso del 8%.  

La falta de capital humano es la mayor restricción para la economía de Sudáfrica, junto con una baja relación inversión-PIB del 18%, que difiere del objetivo del Plan Nacional de Desarrollo y su intención de llegar al 30% del PIB.

Centroamérica

A día de hoy, se calcula que aproximadamente un millón de guatemaltecos residen en el extranjero, la mayoría de ellos en Estados Unidos. Económicamente, su marcha se traduce en uno de los pilares fundamentales del país: las remesas. De 2013 a 2019, estas se han duplicado, pasando de 5,1 a 10,5 miles de millones de dólares.

En 2020, a pesar de la pandemia, en Guatemala se recibieron remesas por una cantidad equivalente al 14,6% del PIB.  Esta tendencia no es exclusiva de Guatemala, sino del Triángulo Norte, que cerró el 2020 con un aumento de ingresos por remesas debido a la falta que les hace a sus familias: uno de cada cuatro hogares centroamericanos dependen exclusivamente de ellas. La llegada de este dinero no solo ayuda a sus familias a respirar económicamente, sino que reactiva el comercio interno de unos países centroamericanos donde los estados y las economías son débiles.

Sudeste asiático

Filipinas es el cuarto país del mundo que más remesas recibe. Oficialmente, se estima que 2,3 millones de ellos trabajan en el extranjero. De 2010 a 2019, la cantidad de dinero de las remesas en Filipinas ha aumentado de 18,8 a 30,1 miles de millones de dólares estadounidenses. Estados Unidos es, de largo, el país desde el que llega más dinero, con un total de 11,3 miles de millones de dólares en 2019, seguido por Arabia Saudí (2,1) y Singapur (1,9).

Así las cosas, el país otorga un estatus especial a los llamados Trabajadores Filipinos de Ultramar (OFW, siglas en inglés): tienen una entrada única en el Aeropuerto Internacional Ninoy Aquino en Manila, están exentos del impuesto de vuelo y las tasas de aeropuerto cuando  viajan fuera del país desde Filipinas, pueden entrar sin cita previa a renovar sus pasaportes y el Departamento de Trabajo y Empleo tiene una oficina especial para ellos llamada Administración por el Bienestar de Trabajadores en Ultramar.