16 de Enero, 2018
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Escrito por NCID

“Ha elegido sin plomo 95”. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué la gasolina se llama sin plomo? Este venenoso químico fue utilizado frecuentemente como aditivo en la gasolina hasta 1996, cuando los científicos ganaron su batalla contra el lobby del plomo y fue prohibido.

¿Pero por qué fue prohibido? Retrocedamos en el tiempo. A finales de 1920 tres grandes compañías copaban la industria del motor estadounidense: General Motors, Ford y Chrysler. Las tres tenían su base en Detroit, que pronto adoptó el nombre de Motor City ya que la industria automóvil no paraba de crecer. En 1950 Estados Unidos producía tres cuartas partes de los coches en todo el mundo. Con el aumento del uso del automóvil se consumió más gasolina, lo que provocó una mayor polución… y contribuyó a la subida del crimen violento en el país. Pero, ¿qué tuvo que ver la gasolina con el crimen? La culpa la tuvo el plomo, un aditivo del combustible.

“Este químico altera la formación del cerebro aumentado la agresividad y disminuyendo el control al impulso”, asegura Federico Curci, estudiante de doctorado en la Universidad Carlos III de Madrid. “La literatura médica ha probado que el efecto es muy significativo en niños de 0 a 2 años, ya que el cerebro admite el plomo creyendo que es calcio”, asegura el investigador, quien presentó el pasado 15 de enero en la Universidad de Navarra su trabajo Flight from urban blight: Lead poisoning, crime and suburbanization. En él investiga el efecto del plomo en la subida del crimen y la estructura urbana de las ciudades estadounidenses.

En los años 50 y 60 el uso del plomo como aditivo en la gasolina fue cada vez más común. En 1965 cuando se realizó el primer estudio que descubrió los efectos nocivos para la salud de este codiciado químico. En la próxima década comenzaron las presiones para su ilegalización pero no fue hasta 1996 cuando se prohibió su uso. “Podías haber estado expuesto a través del contacto directo en el recreo, a través de la subida de las partículas del suelo al aire debido al viento o incluso trayéndolo a casa con el polvo en la suela de los zapatos”, afirma Curci.

Este fenómeno, sin embargo, no afectó a todos de la misma manera. El tipo de suelo tuvo mucho que ver en el efecto nocivo en las personas. En su investigación, Curci diferencia entre un “buen suelo” y un “mal suelo”. El primero es aquel que tiene un pH casi-neutral, entre un 6.5 y un 7.7. “Un buen suelo retiene el plomo y no lo esparce, de tal manera que no es muy nocivo para los seres humanos”, explica. La diferencia entre el tipo de suelo entre ciudades estadounidenses explica por qué algunas sufrieron más que otras esta tendencia.

El autor muestra en su investigación el efecto del crimen violento en la descentralización de las ciudades. “El crimen incrementó en el centro de las ciudades ya que era donde había mayor densidad de población. Todas las carreteras iban al centro y por lo tanto era ahí donde había una mayor congestión de gasolina”, dice Curci. “Eso no ocurre en las afueras, donde al haber menos gente y actividad hay menos contaminación”.

La subida del crimen provocó una huida de la población hacia los suburbios de la ciudad. Detroit es el caso emblemático de este hecho, ya que tanto las compañías como las personas escaparon del centro en busca de lugares más seguros.

A pesar de la creciente urbanización, con unas estimaciones de que el 66% de la población mundial vivirá en una ciudad en 2050, la densidad en el centro ha disminuido en los últimos años. Por ejemplo en Filadelfia el núcleo urbano se redujo de 2 millones a 1.6. millones de habitantes entre 1960 y 1990, mientras que los barrios de las afueras crecieron de 2.4 millones de personas a 3.5 millones. “El incremento global del crimen ha significado un decrecimiento de un 35% de la población en el centro de las ciudades, lo que significa que más de 25 millones de personas se han mudado a los suburbios ”, afirma Curci.

Tras la ilegalización del plomo en 1996 el crimen disminuyó lentamente en las ciudades de Estados Unidos, pero la estructura urbana ya había cambiado. “La gente no volvió al centro porque había invertido mucho dinero en los suburbios: se crearon distritos escolares, aparecieron nuevas instituciones del mercado inmobiliario y se crearon una gran cantidad de comodidades en las afueras de las ciudades”, apostilla Curci.