Archivos
05 de Febrero, 2018
Actividades /
Escrito por NCID

Sin lugar a dudas, la tecnología ha cambiado nuestro lugar de trabajo. Desde 1980, la renta del trabajo agregada, es decir, la parte de los ingresos que va al salario de los empleados, se ha reducido en seis puntos agregados en Estados Unidos. Muchos temen que un día lás máquinas colonicen nuestros puestos de trabajos y nos dejen sin empleo, lo cual no es baladí. En muchas industrias los trabajadores han sido sustituidos por máquinas que hacen su labor más rápido, más barato y mejor.

Pero, ¿es la reducción de la renta del trabajo común para todas las industrias? Esa es la pregunta que pretende resolver Luis Díez Catalán, estudiante de doctorado en la Universidad de Minnesota, en su trabajo The Labor Share in the Service Economy, que presentó el pasado 5 de febrero en la Universidad de Navarra. Su investigación pretende desgranar los motivos que han llevado a una caída global de la renta del trabajo en la economía y discernir si esta es una tendencia en todas las industrias o sólo en algunas.

En el estudio se divide la economía entre el sector servicios y el sector no-servicios. Los datos muestran que este último ha sufrido una caída de 14 puntos porcentuales desde 1980, mientras que en el primero no sólo no ha decrecido, sino que ha aumentado en 6 puntos porcentuales la renta agregada al trabajo.

Díez Catalán encuentra dos grandes motivos para explicar esta notable diferencia. El primero es la caída del precio del capital respecto al trabajo. “La tecnología nos ha hecho más productivos”, dice Díez Catalán, incentivando una mayor inversión en capital. Por ejemplo, la aparición de los ordenadores ha hecho que seamos más efectivos en nuestro trabajo, provocando que se requiera menos personal por unidad de trabajo.

Esto, junto con la sustituibilidad del trabajador, la cual “es mucho más fácil y común en industrias que no son de servicios”, explica la reducción agregada y la divergencia entre sectores. En la industria del motor, por ejemplo, un robot junta las partes de un coche de manera más rápida y eficiente que un humano, pero un restaurante o en un hotel una máquina no puede sustituir tan fácilmente a una persona al entrar en juego el factor humano del trato con el cliente final. Por lo tanto, las industrias que no son del sector servicios lo tienen más fácil para adaptar tecnología y sustituir al trabajador que aquellas en el sector servicios.

Esta divergencia está impulsada principalmente por sub-industrias que antes de la revolución tecnológica requerían de una gran cantidad de capital humano. “Este es un fenómeno inter-industrial”, concluye Díez Catalán.